Conclusión
Desde el albor de las primeras sociedades divididas en clase comenzó a gestarse la necesidad de dotar a los individuos de un conjunto de normas cuyo cumplimiento insoslayable garantizara el orden establecido. Estas normas respondieron esencialmente a los intereses de la clase dominante.
A escala universal el siglo XVIII marcó un punto de inflexión cuando la educación ciudadana fue institucionalizada en las escuelas con el surgimiento de la Educación Cívica como materia escolar. Llegadas de Europa muchas de las ideas filosóficas y políticas en cuanto a la formación ciudadana tuvieron su reflejo en los grandes pensadores y hombres de la cultura cubana, figuras patrióticas en su mayoría, que se encargaron de educar a una generación en altos principios éticos y amor a Cuba además de diseñar el proyecto de ciudadano a que aspiraban para la nación que surgiría.
Una vez obtenida la independencia de España y durante la etapa neocolonial serían los maestros y maestras cubanos los continuadores de esta tradición educativa que fue capaz, en condiciones muy difíciles, de educar a un pueblo en lo mejor del acervo cultural ético y ciudadano para que diera la última batalla por su definitiva independencia. Lograr este propósito abrió paso a una nueva etapa histórica en que los paradigmas de formación ciudadana serían enriquecidos con los ideales de fraternidad y solidaridad e internacionalismo ejercidos por nuestro pueblo por más de medio siglo.
