Introducción de la Educación Cívica durante la ocupación militar

Introducción de la Educación Cívica durante la ocupación militar

(Tomado de Historia de la enseñanza de la educación cívica en Cuba desde 1899 hasta 1989 de Antonio Sáez Palmero)

Los acontecimientos que se producen en este corto espacio de tiempo determinan su consideración como uno de los períodos en la historia de la enseñanza de la Educación Cívica en Cuba. Se trata de una fase particular en el desarrollo histórico de la nación cubana de especial significado porque se produce, a partir de intervención y ocupación militar norteamericana, la creación de las condiciones para el tránsito de colonia a neocolonia.

Al caduco e ineficiente sistema de instrucción impuesto por los españoles se sumaba el estado desastroso dejado por las huellas de la guerra, que alejaba cualquier posibilidad para su reestructuración y desarrollo, situación hábilmente utilizada por la ocupación militar norteamericana desde el mismo 1ro. de enero de 1899, que inmediatamente adoptó las medidas para penetrar la mentalidad de los cubanos trasmitiéndoles las costumbres, hábitos y formas de pensamiento y de vida propias de la sociedad norteamericana en plena fase de expansión.

Para una mejor comprensión de la situación que se da en el período hay que tener en cuenta que entre los años 1898 - 1900, la política de dominación económica de Cuba por parte de los Estados Unidos quedó supeditada a la definitiva fijación de los instrumentos para el control de la política, y con este fin la introducción acelerada del Pragmatismo,[1] en la fundamentación teórica del sistema político y de gobierno, en los programas económicos y en los proyectos educativos auspiciados o asesorados por norteamericanos.

A esta maniobra se suma el hecho que en esos mismos años se desmantelan los principales instrumentos de la Revolución, con lo cual se eliminan los medios de acción populares y revolucionarios, acontecimiento que tuvo efectos negativos en las fuerzas revolucionarias y progresistas cubanas.

Las medidas de urgencia tomadas por el ejército de ocupación militar se justificaban en la necesidad de dar solución a los problemas que la ineficaz administración española había dejado en la ex-colonia, pero también en el objetivo oculto de provocar la anexión inmediata de Cuba. La penetración norteamericana se verificó en todas las esferas de la sociedad cubana, y debe reconocerse la aceptación de algunas de estas medidas por una parte de la población, aquella que más había sufrido las consecuencias de la guerra, esperanzada en eliminar sus penurias. Pero una parte de la intelectualidad cubana, la identificada con el ideal independentista de José Martí, y los jefes del Ejército Mambí, se mostraron escépticos y preocupados por las verdaderas intenciones de los ocupantes estadounidenses.

La educación fue uno de los blancos escogidos por los estrategas de la Casa Blanca, se adoptaron diferentes formas, entre ellas, la enseñanza del idioma inglés y la Historia de los Estados Unidos, para convertir: “El aula (...) en un medio para la “transfusión” de valores culturales y la transformación de las actitudes políticas. De hecho, la educación proporcionaba los medios de penetrar la sociedad cubana con el fin de detener el desarrollo de una cultura nacional autónoma y potencialmente rival.”[2]

Bajo la dirección del Sr. José A. Lanuza, Secretario de Instrucción Pública del gobierno de ocupación, se implementan un conjunto de programas en las escuelas cubanas, entre los cuales aparece el de Enseñanza Cívica que tiene la asignatura Instrucción Cívica, utilizada como instrumento de la política anexionista del gobierno de los Estados Unidos de América hacía Cuba. La intención evidente era promover la admiración del modelo de modernidad y progreso que ofrecían los Estados Unidos en detrimento de los sentimientos latinoamericanistas cultivados por los más insignes patriotas cubanos, en especial por José Martí.

Para esta fecha en los Estados Unidos de América la enseñanza de la Cívica había rebasado la etapa que se denominó constitucional, porque el aprendizaje memorístico de la Constitución era la razón de ser de la asignatura, así se pensaba que era lo necesario para formar buenos ciudadanos. En la práctica se comprobó sus limitaciones e ineficacia. Siguió la etapa del civil goverment, al estudio de la Constitución se sumó el conocimiento de la maquinaria de gobierno ampliándose el temario de la Cívica. Los alumnos aprendían cómo funcionaba la administración pública, y cómo están formadas las distintas instituciones que la integran, los diferentes poderes del Estado, pero ya no de una forma tan memorística, el método de enseñanza explicativo ganó espacios al igual que los métodos prácticos. Se organizaron las “ciudades” o “repúblicas escolares” en las aulas para enseñar las ventajas de la floreciente democracia norteamericana y se instruían a los niños en el ejercicio del voto.

La instrumentación de la nueva asignatura en Cuba, con estos criterios, estuvo a cargo del Profesor William L. Hill, que había organizado exitosamente las City Schools (escuelas de la ciudad) en los barrios de migrantes de Nueva York en 1899.

Durante el mandato del gobierno provisional establecido por el poder interventor le sucedió a Lanuza en la Secretaría de Instrucción Pública el Dr. Enrique J. Varona, el mentor de la generación del 30, quien trabajó afanosamente en la implantación de algunas reformas imprescindibles, tal como lo exigían las circunstancias, preparó rápidamente un plan general encaminado a reorganizar la maltrecha enseñanza pública, el plan en cuestión no podía tener otro carácter que el de provisional, como el gobierno que lo promulgó. Su autor confiaba, pues, en que el Poder Legislativo de la República, una vez constituido, discutiría y aprobaría una Ley General de Enseñanza que viniera a sustituir ese plan y dejar así subsanadas sus inevitables deficiencias. No lo hizo así el Congreso y el Plan Varona estuvo vigente seis lustros, aún cuando hacía tiempo se habían modificado sustancialmente las causas que determinaron su adopción.

El Plan Varona amparado en la Orden Militar No. 267 del 30 de junio de 1900 (de Aragón, 1928), establece el Código Escolar, documento donde se plasman los deberes de los funcionarios, maestros, y demás trabajadores de la Secretaría de Instrucción Pública, e incluía los Cursos de Estudios que definíanlos niveles de enseñanza y las asignaturas.

En dicha Orden Militar figuró por primera vez la Enseñanza Cívica para el nivel elemental y la Segunda Enseñanza. La fundamentación pedagógica partía de los criterios de Varona impregnados de la Filosofía y la Psicología académica cientificista de base positivista al estilo spenceriano, que en la versión aplicada tiene un carácter progresivo en tanto que favorece la búsqueda de un modelo educativo más cercano a la realidad cubana pese a las circunstancias, y donde además se ponga de manifiesto el carácter activo y necesario de la educación en el proceso de formación del hombre.

En 1901 nuevos Cursos de Estudios para la instrucción primaria, esta vez confeccionados bajo la dirección de un cubano, el Dr. Eduardo Yero y Buduén Superintendente General de escuelas, (estuvieron vigentes hasta 1904), tienen el objetivo de despertar los intereses cognoscitivos de los niños y estimular su participación en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y lograr una educación física, moral e intelectual de la niñez. El enfoque neoherbartiano y positivista al estilo de Spencer, presente en el documento, significaba progreso. La coyuntura estimuló la aspiración de desarrollar el patriotismo, y con ese fin se incluyó el estudio de la Historia de Cuba.

Con esta orientación pedagógica la enseñanza de la Cívica en las escuelas primarias estaba encargada de brindar una educación moral basada en los valores humanos universalmente reconocidos, fundamento de los preceptos morales que debían guiar la conducta de los ciudadanos. En la Segunda Enseñanza se ocupaba preferentemente del Estado, su estructura y funcionamiento, los derechos y deberes ciudadanos, y otros contenidos que dependían de la existencia de una Constitución, pero al carecer el país de una Ley Fundamental los maestros de la asignatura estaban obligados a acudir a las experiencias “democráticas” de los países considerados civilizados: los Estados Unidos, la meca, y los países europeos donde supuestamente se materializaba el ideal democrático de la humanidad.

Con la aprobación el 21 de febrero de 1901 de la primera Constitución de la República de Cuba,[3] sustentada en el individualismo burgués del siglo XIX, queda "resuelto" el problema del basamento político-jurídico del futuro Estado. Para la Instrucción Cívica este fue un momento trascendental, estaban dadas las condiciones, al menos formalmente, para convertir el temario de la asignatura en una vía para realizar las primeras interpretaciones de la Carta Magna, y encontrar en ella la legitimación de los principios de la vida democrática en Cuba sobre los cuales deberían educarse los ciudadanos del nuevo Estado.

La nueva materia docente si bien no pudo dar continuidad al ideario educativo de los ilustrados cubanos, y en particular, de Varela y Martí en lo referido a la educación patriótica y republicana, incorporó nuevos conocimientos que le planteaban a la educación cubana retos importantes, uno de ellos, tal vez el más importante, era la adecuación de los contenidos a la realidad cubana ya que los textos que se empleaban respondían a los intereses de la política imperial de los Estados Unidos hacía Cuba.

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