Conferencia dictada por el historiador Eduardo Torres Cuevas y publicada en la revista Calibán

Ante todo quisiera agradecer al Centro Juan Marinello, a su director, nuestro amigo Pablo Pacheco, a la profesora Ana Suárez, el que hayan tenido la deferencia de pedirme estas palabras iniciales.

Quizás era para hacer un elogio del Centro y de la labor que ha hecho este centro durante estos últimos años, fundamentalmente esa labor silenciosa de Pacheco, que realmente, a veces, no está en las grandes portadas de los libros, pero cuánto no le deben estos libros a Pacheco y por tanto creo que algún día tendremos que dedicarle algunas palabras más amplias a lo que ha sido su labor durante tantos años.

La conferencia que intentaré impartir con determinada coherencia tiene numerosas dificultades. Primero porque nos estamos moviendo en un terreno poco estudiado, un terreno bastante inconexo, donde hemos trabajado a veces con bastante distanciamiento y poca comunicación entre nosotros y creo que quizás lo que inicie este encuentro y debe mantenerse y debe procurarse, es este intercambio necesario de especialistas que enriquecen, cada uno, con su perspectiva, la perspectiva de los demás. Creo que la necesidad del trabajo inter y transdisciplinario se va imponiendo cada vez más en el mundo contemporáneo, donde abarcar, a veces con profundidad determinados temas se hace cada vez más de colectivos de especialistas.

Por otro lado, si hacemos un análisis de la historiografía cubana más reciente, más reciente quiero hablar del período de la revolución, del 59 hacia acá porque la República es la menos trabajada. Y es un hecho, quizás todos tuvimos más interés en un siglo XIX, como siglo fundacional, que en un siglo XX que fue un siglo en el cual se ejecutaron, discutieron, quebraron y surgieron numerosos proyectos, tanto sociales, culturales, como políticos.

Por tanto lo que tenemos ante el siglo XX es la necesidad de estudiar a fondo y estoy seguro que mientras más profundicemos nosotros mismos iremos modificando criterios. Porque hay áreas completas que son vírgenes totalmente. Hay pensadores completos que son vírgenes completos. A veces se ponen de moda algunas ideas, algunos problemas, algunos pensadores, pero no son todos y a veces no son los más significativos en determinadas variables.

Recientemente, por ejemplo, ha adquirido cierta importancia la figura de Jorge Mañach y se ha convertido Jorge Mañach en el punto de convergencia de numerosas investigaciones dentro y fuera de Cuba. Pero yo diría que con Jorge Mañach no resolveríamos el problema, Jorge Mañach es una perspectiva y no precisamente de las que tuvieron una incidencia en la realización de determinados proyectos. Por tanto seguimos a oscuras en determinadas áreas completas para entender el siglo XX.

Por otro lado los siglos parece que tienen finales especiales. El XVIII con la revolución francesa, el XIX con la guerra cubano hispano americana, el XX con el desmerengamiento de Europa del Este y por tanto estas grandes rupturas obligan a repensar los procesos anteriores. Sí creo que el siglo XX lo que nos está ocasionando ya no es un reajuste, ya no es un conocimiento, sino un reajuste de las concepciones teóricas con que lo habíamos abordado. Es decir, que incluso estamos ante otro problema, más grave que lo que nos hubiéramos planteado 20 años atrás. Es decir, leer ese siglo XX, desde la perspectiva del siglo XXI a través de todo el acontecer de los finales del XX.

Por tanto, nuestra lectura del XX se nos hace más compleja. Yo diría que ningún momento intelectual ha sido de mayor reto, que el que tenemos ante nosotros. Yo creo que cada uno de nosotros tiene que tener dentro de sí la convicción de que estamos frente a uno de los momentos más complejos de interpretación de la historia del siglo XX. No solo tenemos que conocer lo que no conocemos, sino que tenemos que ajustar todo un aparato teórico y conceptual a partir de lo que realmente se ha producido a finales del siglo y de las perspectivas que abre.

En cierta medida yo pienso que esto nos acerca a la realidad. Que quizás de otra forma no hubiéramos tenido mayor conciencia de nuestros propios problemas, de los problemas que a veces no estaban dentro de temas teóricos y de la necesidad de empezar a estudiarnos a nosotros mismos con un instrumental teórico que tenemos que crear.

Creo que estamos ante la necesidad de crearlo todo, a partir de la acumulación del conocimiento que hemos tenido hasta aquí. Digo esto porque quizás uno de los aspectos más deficientes de la historiografía cubana de este último período fue la ausencia de estudios de fondo del pensamiento cubano. Hicimos excelentes estudios de la economía, de determinados procesos azucareros, pero yo desconozco a fondo, en los últimos tiempos, estudios a fondo, por ejemplo del movimiento intelectual cubano de los años 40, del siglo pasado. No hay un estudio a fondo del papel de Roberto Agramonte, de Rafael García Bárcenas, de Enrique Gay Calbó, de Humberto Piñera Llera. Hay ensayos, acercamientos, aproximaciones, pero hasta donde yo conozco no existen estudios a fondo.

 

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José de la Luz Caballero
Pero cómo poder estudiar a fondo a estos hombres si todos se basaron en una perspectiva tomada del siglo XIX. Cuál fue la obra fundamental de Roberto Agramonte, rescatar al padre Agustín Caballero y rescatar a José de la Luz y Caballero. Entonces habría una pregunta que hacer. Por qué los pensadores que tienen que pensar la República, después del gran fracaso de la primera república del 33, retornan al siglo XIX. Retornan no ya a aquel pensamiento más cercano a la independencia, sino a aquel pensamiento más fundacional que es el del padre Caballero, el de Varela, el de Luz y Caballero e incluso otros casos que son más polémicos, pero precisamente por ser más polémicos fueron el motivo de polémica en esa etapa.

Indudablemente el problema era de fondo. Es decir, qué república era aquella, que república había sido y qué república había que construir y yo recordaría la gama de pensadores que por ejemplo se centraron en tres figuras fundamentales. La de Varela, la de Luz, la de Saco y la del Monte, vamos a poner cuatro. Y recuerdo uno de los primeros trabajos de Carlos Rafael Rodríguez, en los años finales de los 30, es precisamente sobre este pensamiento, pero desde una perspectiva. Pero Hernández Travieso escribe otro libro sobre Varela desde otra perspectiva. Y el jesuita Amigó, escribe otro libro sobre Varela desde otra perspectiva. Y Emilito Roig, reúne un grupo para escribir otra perspectiva. Por tanto, tenemos una perspectiva sobre Varela del jesuita Amigó, del liberal, para ponerlo liberal, Hernández Travieso, de un marxista como Carlos Rafael y de una posición muy nacionalista, que era la de Emilito Roíg. En esta visión, cuando uno estudia todo esto, es decir las perspectivas que cada uno tenía te das cuenta de que había más de un proyecto en esa república, que era a su vez resultado de la crisis de la anterior.

Con esto, solamente quiero indicar un aspecto. No había modo de entender cómo construir a Cuba si no vamos a los orígenes de cómo se pensó construir a Cuba. Muchas veces me han dicho, y a veces una de las críticas que se hace a Martí y a Varela y a otros, y particularmente en el caso del Monte a la literatura, que lo hicieron conscientemente, es decir, que construyeron una realidad o construyeron una perspectiva de la realidad consciente y diferente. Creo que ese es el gran mérito de nuestro movimiento intelectual del XIX, que fue consciente, no inocente. Y ese creo que fue su primer acercamiento: la conciencia que tuvieron de que tenían que construir una sociedad diferente, y la construyeron desde su perspectiva, de cómo la podían ver.

Ahora, esto tiene varios aspectos. Primero por qué se plantearon la construcción de una sociedad y eso ya está en las lecciones de Varela. Por qué primero se plantearon la construcción de un pensamiento y es lo que se está planteando el padre Agustín Caballero a fines del siglo XVII y acuña una frase en un libro sobre la cual quiero reflexionar brevemente con ustedes.

El libro del padre Caballero apareció originalmente con el nombre Filosofía ecléctica y fue en los años 40, que este estudio sobre el pensamiento fundacional tiene por Jenaro Artiles su primera traducción del latín, donde este rectifica el título y pone Filosofía Electiva. Ahora, quien conoce donde surge el nombre, el cambio de nombre del libro de Agustín Caballero -de verdad que aquí en el trópico nosotros somos bastante aplicados en el juego intelectual- es en medio de la polémica filosófica que tiene José de la Luz y Caballero con los hermanos González del Valle, puesto que en el libro José Zacarías del Valle aparece con el nombre de Filosofía ecléctica. Justamente, porque lo que se estaba haciendo en ese momento era el tema del eclecticismo.

Ahora, razonemos un poquito. Existían dos conceptos de ecléctico y quiero incidir en estos problemas, a veces conceptual, existían dos contenidos diferentes al concepto ecléctico. Uno era acuñado en el siglo XVIII y otro el acuñado hasta el siglo XIX. Uno se basaba en los neoplatónicos y el otro se basa en la escuela alejandrina. Este problema filosófico, en el cual no me quiero enredar, en una conferencia tan amplia como esta, sí tenía un fondo, la filosofía ecléctica en el sentido en que la hablaban Varela y la maneja Agustín Caballero, quiere decir la libertad de elegir. La composición de la libertad de elegir entre todos los pensadores, los que verdaderamente el pensador quiere o considera que es la verdad.

Es en definitiva el camino en la búsqueda de la verdad, una verdad que no existe y que hay que buscar. Por tanto es un pensamiento esencialmente creador. La otra concepción de ecléctico, significaba, que es la que acuña Víctor Cousin y que desgraciadamente es la que más se generaliza y es contra la que combate Luz y Caballero, es la que es diferente a la del pensamiento original, es la composición con las autoridades de una verdad ya vista. Por tanto, al decir filosofía electiva estamos diciendo un pensamiento de creación, de búsqueda. Al decir en el terreno tradicional, ecléctica es composición de cosas que ya están dichas. Esto lleva consigo algo que me parece fundamental y es la gran polémica filosófica de Luz y Caballero a mediados del siglo XIX.

Se trata de que, o se construye un pensamiento propio con toda la cultura universal detrás o simplemente se imita la cultura universal para, sencillamente, hacer lo que, me gusta mucho una frase de Marx, con respecto a España, una imitación servil. Aquí se estaba, o crear o imitar. Imitar, hay muchos modos de imitar, hay imitación que no es más que unir lo que ya está hecho, toma un pedazo de aquí y de allá y crea algo nuevo. Pero simplemente estoy tomando parte. Aquí se trataba de crearlo todo nuevo.

Por tanto, cuando estamos hablando de un pensamiento consciente, y quiero dar otro dato que les puede ubicar rápidamente, una de las claves en el pensamiento de Félix Varela es la introducción del concepto de ideología y de la concepción ideológica de Tunde. Yo tengo la tesis que cuando Marx llega a Francia, se ha dicho que las tres bases del marxismo son la filosofía clásica alemana, el idealismo francés y la economía política inglesa. Yo creo que ahí hay una pequeña ausencia. El socialismo francés y la Ideología

[…]

la gran polémica de esa época es entre Ideología y psicología, no la psicología que tampoco entienden hoy, eh; la Ideología en este sentido es el estudio de la producción de las ideas y por tanto se trata de todos los mecanismos en los cuales interviene la forma en que se producen las ideas. Pero de la producción de las ideas se va a lo que es la formación de la conciencia y esto es la clave. Desde tiempos de Varela se está trabajando sobre la creación de una conciencia cubana. Cuando Varela publica esto, 1818, Carlos Marx está naciendo. Es muy importante esto, porque muchas veces nos vemos un poco como los indios que están detrás de la (…), y es todo lo contrario. Entonces, cuando Marx descubrió la ideología, ya hace rato que en Cuba corría la ideología en las lecciones de filosofía y en Misceláneas filosóficas de Félix Varela.

Pero lo importante que tiene la Ideología, para diferenciar la formación de este pensamiento de lo que había sido el pensamiento de la independencia americana, es que es un pensamiento que va a crear la conciencia primero para después crear la nación. En tanto una nación es conscientemente formada a partir de la creación de una conciencia. Por tanto estamos hablando de la primera gran base para los proyectos que posteriormente se levanten. Ahí ustedes se pueden explicar a los alumnos de Varela y todo lo que arma, no voy a dar opiniones a favor o en contra de figuras, porque todas son figuras, algunas muy polémicas.

Domingo del Monte, por cierto, lo digo aquí, Pacheco, a ver si hacemos algo para bien o para mal, pero este año es el 200 aniversario del natalicio de Domingo del Monte y el 150 de su muerte. Es decir, es fecha cerrada en natalicio y muerte. Creo que Domingo del Monte merece un estudio más serio. No creo que se trata ahora de decir que fue o dejó de ser, que si le gustaba vivir bien, jamás se hubiera unido al proletariado. En eso estamos claros, ahora, la cultura es otra cosa. Y sin esa cultura yo creo que nosotros estamos dejando fuera muchas cosas.

Y yo creo que el papel de Domingo del Monte hay que estudiarlo en este problema. Ahora, existen críticas sobre si Domingo del Monte inventó una literatura cubana. Y yo me hago la otra pregunta, y hay algo que se pueda hacer en este terreno que no esté inventado. Todos no inventamos. Todos no creamos a partir de esto. Ah…, que pudo haber sido de otro porte, bueno, es difícil excluir en esta época el criterio de que la cultura era de élite. Esta cultura es de élite y por tanto la cultura que hace Domingo del Monte, le importa un bledo determinadas cosas. Es una cultura de élite. Pero al mismo tiempo es una cultura que está rescatando personajes populares, y de esa tertulia sale Cirilo Villaverde, y de esa tertulia sale Milanés, y con todo lo que se diga de la bronca de él y de Heredia, es el gran impulsor del conocimiento de la poesía de Heredia.

Él es el que habla en España para publicar la poesía de Heredia, él es el que publica la poesía de Heredia, en El Mensajero Semanal, él es el que le pide a Lastra que haga la crítica a la poesía de Heredia y es sin lugar a dudas, pincha a Saco para que saque la discusión con Sagra por la poesía de Heredia. Pero es una construcción consciente. Ah…, discutir que faltó intenciones, pero a partir de ahí ya hubo otra cosa. Dos cosas me parecen que estaban: de antes estaba una idea de patria; ahora hay un concepto de hacer, conscientemente, una literatura para esta patria.

Y esto nace de las lecciones de filosofía de Varela. Recientemente me llegaba un libro sobre un grupo de mujeres que se quedaron en Cuba y que no eran precisamente de las clases más humildes. Y hay un concepto unificador, patria, patria, patria. Me pueden decir inmediatamente, la patria es una cosa en Europa, muy marcada, pero la patria es étnica en Europa?, entonces aquí habría que entrar en la otra valoración de qué cosa es nuestra cultura y nuestro concepto de patria. Pero a lo que me quiero referir en esencia es que tanto Saco, con su Historia de la esclavitud y su Memoria sobre la vagancia y sus posiciones antianexionista, Del Monte, con este intento de crear esta literatura cubana y todos los que tuvieron que ver con esa tertulia, estamos hablando de los grandes nombres, están por estudiar, muchísimas personas que tuvieron que ver con todo esto y muy particularmente Luz y Caballero.

Yo creo que Luz fue más profundo en el sentido de que penetró en dos campos, que eran los más delicados. La educación y la filosofía. Si bien Varela abrió caminos, Luz es realmente el que con más sistematicidad crea y es mi opinión, tres bases fundamentales de lo que después será para nosotros nuestra cultura. Una visión ética, en primer lugar. Una visión filosófica, en segundo lugar y una visión pedagógica en tercer lugar. No voy a discutir los pro o los contra, pero ahí está y no hay tiempo tampoco para entrar en la amplitud de este problema, ahí están tres cosas. La célebre frase de Luz, “tengamos la educación y Cuba será nuestra”. Me está dando toda una visión de la ilustración cubana y su intención abierta de que Cuba sea nuestra.

La frase de Luz, “todo es en mi, fue, en mi patria, será”. Un juego con el verbo ser. Todo lo que soy, es pasado. Todo lo que será mi país, es futuro. Es, a mi modo de ver, una frase permanente, y es la misma que hoy pudiéramos decir y suscribir. Como algo que no muere en la intención siempre creadora, pero detrás de eso hay esa filosofía electiva, esa filosofía de que tenemos que pensarnos a nosotros mismos, tenemos que construir a partir de nuestra realidad. Tenemos que ver desde Cuba a Cuba, con el conocimiento universal.

Ni la visión de aldea, ni la visión abstracta. Es poner, lo decía Martí después, en relativo lo absoluto. Pero hay algo que me parece que es esencial. Aquí en este primer grupo, está la formulación yo diría, más general, sin llegar a entrar en los aspectos sociales, específicos, y esto es lo que corresponde a una generación que es la de la segunda mitad del siglo XIX: si fuéramos a periodizar, diríamos hay una primera etapa hasta la década de los 50, y no estoy hablando de pensamiento político, estoy tratando de mantenerme a un nivel de generalización, y en el caso de la década de los 60 se produce, realmente, un recambio conceptual que tiene mucho que ver con lo que se está produciendo en el mundo, la entrada al libre pensamiento, el krausismo, etc., en el mundo hispano, del movimiento de las fuerzas del movimiento liberal en España, el crecimiento de las influencias norteamericanas en todo este país.

Ahora, me parece que este otro aspecto, de este otro período se va a caracterizar como una transición, como un tomar elementos de esta cultura que les están legando, esta cultura del pensar, y este es otro aspecto que me gusta recalcar. Nos legaron una cultura del pensar, nos legaron una cultura de pensamiento. Alguien me puede decir, sí, es una minoría, y siempre estos movimientos han sido de minorías.

El problema es cómo se expande al resto de la sociedad. Pero hay un detalle muy significativo, a mi el tema este de la masonería ustedes saben que me apasiona y lo he tratado de trabajar bastante. Bueno, voy a dar un dato muy interesante. Vicente Antonio de Castro, que crea el Gran Oriente de Cuba y las Antillas, a la cual pertenecen todas las logias que tienen que ver con el movimiento del 68, lo cual indica que hay una coherencia de pensamiento entre esta gente y además una coherencia de acción. Entre las logias de La Habana, hay una logia en la cual están todos los profesores del colegio donde estudia José Martí. Ahí está Rafael María Mendive (…), es decir, que el Martí de 15 años ha recibido la influencia de este grupo de hombres vinculados al libre pensamiento, al krausismo. Esto explica que cuando llega a España, a los 18 años, lo primero que hace es entrar en la logia masónica donde están dos de sus ex compañeros del colegio, Solano Ramos y Fermín Valdés Domínguez. Y esto explica que haya un grupo de personas vinculadas a este movimiento. Ahora, por qué hago esta observación, lo que se desarrolla a partir de esa segunda mitad del siglo XIX es algo mucho más concreto ya no como proyecto no de pensamiento, sino de realización en la sociedad concreta. De la cual, todos sabemos, Martí es el más completo, pero el que haya estudiado otros pensamientos del movimiento independentistas, Sanguily por ejemplo, la polémica entre Sanguily y José Ignacio Rodríguez, una fuerte polémica entre ellos dos sobre la figura de Luz y Caballero.

Qué está tratando de decir José Ignacio: el movimiento del 68 no tiene nada que ver con Luz, es más, va contra el propio pensamiento de Luz. Y que está diciendo Sanguily: no, no, el movimiento del 68 es hijo del pensamiento de Luz. Y los que fuimos a la manigua, alumnos de Luz, somos continuadores de ese pensamiento. Pero ahí están surgiendo, Sanguily, Varona, Martí, Montoro, Govin, Gálvez, bueno, Gálvez es un poco más, algunos nombres menos conocidos, pero muy importantes, como Cortina, como Figueroa, como Aurelio Almeida; hay un grupo de pensamiento que se está planteando la realidad cubana directamente, los problemas que tiene la sociedad cubana. Y no hay dudas que ese pensamiento tiene determinados elementos esenciales. Republicano, democrático, de fuertes rasgos liberales radicales. Hago la observación para que no se confunda con otro liberalismo conservador como Grau, y que toca, en muchos aspectos a las ideas sociales o socialistas y por tanto se está constituyendo un proyecto de sociedad nueva. Perdón, no un proyecto, se están constituyendo proyectos de sociedad nueva.

Ahora, si ustedes cogen las dos revistas, la de Cortina, la Revista de Cuba, y la de Varona, Revista cubana, no se si estoy exacto, si ustedes cogen las dos revistas más otra, que yo le hablaba a Ambrosio Fornet hoy, que es una revista interesantísima, que yo conozca es la revista más antigua que se ha estado publicando permanentemente, que es la revista La gran logia, que sale en 1881 y se publica hasta hoy; si cogen la revista La gran logia de esa época, los libros, y se estudian la producción intelectual de ese período, el debate y la convergencia hacia determinados puntos, podrán indicar que todos estos proyectos se están elaborando hacia una sociedad que está en un margen en la cual lo antiguo ya no es, no tiene, el peso para los proyectos futuros.

Es una sociedad que está rompiendo con muchas cosas. La monarquía, a veces mis queridos amigos españoles dicen, tenemos nuestras discusiones, y les digo, bueno, pero todavía ustedes tienen rey y gracias al rey nosotros en 1902, yo creo que la Constitución de 1902, independientemente de los pro y los contra y los debates que querramos, se hizo en 1901, cuando todavía no había triunfado la revolución rusa, y yo creo que hay que analizarla en su tiempo. Pero si ustedes analizan que, a pesar de que esa constitución no la hicieron las autoridades norteamericanas, a esa constitución se le impuso un apéndice, no una enmienda, un apéndice, que era una enmienda de una ley del Congreso norteamericano y tiene tres o cuatro aspectos que fueron los que incluso en España no se lograron. Separación de la iglesia y Estado. Hoy lo decimos y nos es indiferente, pero era clave en aquella época. En España no se produjo eso. La transición tuvo que plantearse el problema. La enseñanza pública, gratuita y laica, pero además es una constitución que es programática y el voto universal a los analfabetos y negros, siempre por supuesto habría que entrar en la observación que la mujer no fue; habrá quizás, quienes estudien el problema de por qué la mujer fue en estos aspectos la más discriminada, pero bueno.

En muchos Estados norteamericanos, incluso la polémica con Wood, en parte es esta. Cómo darle el voto a los analfabetos y negros. Lo que la República hizo después es otra historia. Pero ahí hay una base programática planteada. Y creo que lo de la enseñanza pública gratuita y laica era una de las grandes aspiraciones. Esa constitución perdió la soberanía, que fue otra de las grandes aspiraciones del siglo XIX. Hay que leer Guáimaro, no solo la constitución, sino todas las contradicciones del debate. Pero ahí está, sin lugar a dudas, el haber logrado lo mínimo, desde el punto de vista constitucional.

Si entramos entonces a plantearnos el problema de la primera República, yo pienso que habría que estudiar todo lo que se está reordenando en los años 60, 70, 80 del siglo XIX desde la emigración hasta la industria azucarera, tabacalera, hasta la organización social, el surgimiento de los primeros partidos, la creación de una red nacional de estos partidos que va a ser la base de la instauración de un sistema de dominación posterior y por tanto todo el conjunto de problemas que va a afrontar la primera República, están ahí todos. Fraguando, en crecimiento, la ruptura, sencillamente del poder colonial.

Por eso la represión, en determinados aspectos de la primera República es mucho más fuerte. Más fuerte porque tuvo que dominar canales que quedaron abiertos. Y tuvieron que cortarlos de forma violenta. Ahora, dentro de este conjunto, yo pienso que la cultura fue lo esencial en los proyectos y en la maduración y desarrollo de todo lo que se hizo en el siglo XX. Creo que la cultura es sus más diversas acepciones, el debate cultura, fue el esencial.

Me gustaría señalar un detalle, que es el que me preocupa fundamentalmente y quizás coincidan con lo que diga aquí, pero pueden no coincidir. Yo creo que en esa mitad del siglo XIX también se trabajó para destruir el movimiento intelectual cubano. Se pueden buscar muchos factores, pero empieza ya desde la secularización de la universidad, que pudo haber sido otra cosa, pero a la cual se le somete a un régimen del Capitán General. Y la universidad se subvierte desde dentro y quizás donde más claro se ve es en el propio proceso de la religión. De la etapa esplendorosa de la iglesia católica de principios del siglo XIX, con obispo en La Habana, Espada, en Santiago, Osés, dos obispos ilustrados, con hombres como Caballero, Varela, el propio O'Gavan, con sus ideas reaccionarias y figuras que estuvieron muy vinculadas al seminario de San Carlos, como Luz, Saco, Del Monte, etc., se pasa a una fase de obispos enviados directamente desde España, estos también eran españoles, pero con un carácter más integrista, esta visión que tuvieron Espada y Osés, de desarrollar la cultura del país. Y pienso que uno de los aspectos también de la secularización fue liquidar en los conventos donde se formaba, no solo el seminario de San Carlos, sino los conventos donde se formó el clero criollo. A finales del XVIII, ya había un sacerdote por cerca de 500 y tantos habitantes. A mediados del XIX era uno por cada 2 000 y pico. No tengo ahora la cifra exacta, pero se las puedo dar, es decir y de estos, la mayoría era clero. El fenómeno religioso está por estudiar. Pero en lo que quiero incidir es cómo en ese conjunto, la fuerza que pudo haber tenido un pensamiento de la iglesia nacional, como había nacido con el XVIII no existe a finales del XIX. No hay en la intelectualidad cubana sacerdotes de la envergadura de Varela, o Agustín Caballero. Y no hay ni siquiera un pensamiento nacional sólido.

Y esto lo pueden ver en las pastorales de los obispos de finales del siglo XIX y en la crisis que tiene que afrontar la iglesia en la primera República. Creo que esto es un fenómeno a estudiar y un fenómeno que ustedes, están por debatir y por analizar. Pero hay más, yo diría que la crisis de ciertos sectores del pensamiento no fue solo el de la iglesia. La iglesia respondió como una iglesia que estaba dentro de otra estructura. Rehacer significó hacer otra iglesia para la República. Y esto costó tiempo. Cubanizar a la iglesia y catolizar a los cubanos sería la gran consigna de la iglesia en los comienzos del siglo XX.

Pero esto está planteando el otro fenómeno, que es el fenómeno de fondo de esa sociedad: cómo se está fraguando esa cultura en Cuba. Estamos hablando de un pensamiento, pero de un pensamiento que no tiene referentes exactos de estas bases. Esa transculturación. No quiero ahondar demasiado porque tengo muy poco tiempo y creo que los puedo aburrir, pero, el gran descubrimiento de Fernando Ortiz, para mi, fue, y es su proceso de evolución, lo que sintetizando en ese famoso concepto de transculturación.

Pero yo quisiera recordar que Ortiz usó dos conceptos. Transculturación y culturación. Es decir, no es solo transculturar, es culturar, es crear cultura. La transculturación es una fase para crear una cultura que siempre es nueva y siempre es cambiante. Me parece que este es el secreto de cada generación. Hereda y crea, y este nexo es importantísimo, por eso el gran reto es el estudio. El gran reto es el estudio. No podemos crear, realmente, sin esa cultura. Conocimiento de la transculturación y esa capacidad de culturar o crear cultura.

Nuestro gran reto hoy y quiero terminar como comencé, nuestro gran reto hoy no es solo conocer el siglo XX, es conocer el siglo XX para crear el siglo XXI. Y esto quiere decir que la responsabilidad intelectual que tenemos es la más alta que jamás tuvo una generación en Cuba. Me atrevo a decirlo así, porque aún cuando la ocupación norteamericana, existía esa fuerza cultural detrás, potencial a principios de la primera República que realmente permitió resistir culturalmente.

Creo que la mayor creación estuvo ahí, justamente, porque estaba sometida a límites. Y porque tenía que expresar su fuerza. Pero cuando hubo que volver a hacer, en la década de los 30 y 40, también fue esa fuerza cultural lo vital. Pero siempre tuvo eso, hoy es lo que nos están cuestionando. Eso es lo que, y vamos a hablar con toda franqueza, es lo que también hemos descuidado. A veces pensamos que con grandes esquemas teóricos habíamos resuelto los problemas de todo. Y sin cultura no hemos resuelto nada y sin nuestra cultura no iremos a ninguna parte, perderemos a Cuba. El reto de conocer el XIX, fue el que yo pienso que se planteó mi generación. Y creo que la actual tiene que plantearse el reto de conocer el XX: hay obras, yo pienso, por suerte tenemos aquí a Jorge Ibarra, que es uno de los que más ha incursionado en este sentido en el siglo XX, en el XIX también, pero creo que su obra sobre el siglo XX es algo importante.

Pero hay que pensar lo que estamos creando, y es con mentalidad creadora, es aprender del pasado lo que tenemos que hacer. Salvar lo que tenemos que salvar. Y no estamos salvando algo estático, estamos salvando el espíritu de una cultura que puede expresarse de las más diversas formas. Pero es este espíritu, es esta idea. Voy a citar a la idea de José Antonio Saco de la Cuba cubana. Pudiéramos disentir con Saco qué cosa es la Cuba cubana, y la que nosotros queremos que sea. Y yo pienso, cuando recuerdo simplemente la década de los 50, La Habana de los 50, que hay dos Habana de los 50, ahí están los datos sobre el solar habanero de los 50, y también sobre los grandes edificios de los 50 y se puede hacer un estudio de la arquitectura habanera de los 50, pero no se puede quedar al margen la historia del solar habanero. Y era solar habanero. Las otras ciudades tenían otras situaciones, pero el solar habanero es histórico.

Yo les recomiendo que se lean el libro Los horrores del solar habanero, de Juan M. Chailloux Cardona, que realmente es espantoso, y es una aproximación al problema. Yo diría que cuando Chailloux escribió este libro (1945), 10 años después ese problema era mucho más grave porque habían surgido los barrios marginales. De los cuales él apunta, pero en los 50 eso es una explosión y yo creo que esto es una tradición que nos siguió, y la tenemos aquí, no la pudimos disolver totalmente. Y hay que estudiar culturalmente ese fenómeno. Y es un fenómeno que viene desde la colonia. Es un fenómeno de los barrios marginales desde la colonia, desde que el marqués de La Torre decretó en la segunda mitad del siglo XVIII, que en intramuros no podía haber bohíos ni casas de guano, pero es la historia de los incendios del barrio de Jesús María, cuatro veces incendiaron a Jesús María, intencionalmente. Y Jesús María siguió, la historia de Jesús María. Cuatro veces incendiaron el barrio.

Quiero decir con esto que no es solo crear, o recrear el pensamiento. Yo si pienso, para resumir: Primero, que debemos acercarnos a la cultura teniendo en cuenta entre otras cosas que es la cultura del pensar para hacer. Detallito, la frase de Luz sobre Varela que tanto problema me ha creado. Luz, se dice siempre por ahí que Luz había dicho, que Varela era el primero que nos enseñó a pensar. Lo cual es un problema cronológico. No es eso lo que dice Luz. Una simple transposición de palabras lo cambia todo. Varela dijo lo que habría que decir hoy también. Luz dijo de Varela lo que habría que decir hoy también. Varela fue el que nos enseñó, primero, en pensar. Antes de hacer. Es decir, todo lo que hagamos debe ser una obra de infinito pensamiento, como diría Martí también. Por tanto, cultura es cultura del pensar, cultura es pensar, cultura es crear desde las ideas.

En segundo lugar creo que tenemos que estudiar mucho nuestro pensamiento entre todos. Promoverlo, promoverlo, porque yo he hablado del XIX, pero nos podríamos adentrar hasta dónde está conocido el pensamiento de Ortiz, que está de moda, o de Mañach, que está de moda, pero de los que no están de moda, por todas las tendencias que nacen en el 33. Tendencias de las cuales no hemos hablado nunca.

El otro aspecto que me gustaría sintetizar es algo que he repetido en esta conferencia, y es, que tenemos el reto de que lo que hagamos depende de nosotros. Y esto, el punto de partida es eventos como este, donde empecemos a crear, primero la capacidad para discutir. La capacidad del debate.

Segundo, la interdisciplinariedad y la transdiscidiplinariedad del conocimiento. Tercero, donde realmente tenemos espacio, donde convergemos realmente con lo que tenemos acumulado, el futuro. En realidad, compañeros, amigos, yo creo que este era un paso que había que dar, y que el Centro Juan Marinello ha iniciado, y que desde el punto de vista de los debates y las discusiones y las publicaciones tendremos ya un instrumento para comenzar a trabajar.

Esto no quiere decir que no tengamos nada acumulado, porque a veces parece un poco absoluto, tenemos muchas cosas hechas y la historiografía cubana en todos los terrenos es amplia, pero hay que trabajar, hay que estudiar y hay que buscar ese espacio. De nosotros depende el futuro de Cuba y de su cultura y sobre todo de que realmente podamos entender la cultura, y la verdadera cultura, la que nosotros necesitamos, no la cultura de forma, de consigna o de simplificación.

Muchas gracias.

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[1] Conferencia Inaugural pronunciada en el Encuentro El siglo XX cubano en sus proyectos culturales 1902-1958, auspiciado por la Cátedra Juan Marinello, en noviembre del 2003.*

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